La iniciación (2ª parte)

en el puerto de san Glorio
en el puerto de san Glorio

Estábamos en el año 1986. Después de hacer un curso de montaña con un club madrileño, y de hacer los primeros amigos, uno particular llamado Fermín nos prestó un equipo de travesía antiguo que tenía, aunque lo que hicimos fue darle caña a la pista, ya que no teníamos nivel de esquí. Estos comienzos fueron durísimos, ya que ni monitores, ni amigos con idea nos enseñaron. Hoy lo denominaríamos copiar-pegar ya que imitábamos lo que hacían los buenos esquiadores que veíamos en las pistas. Esto llevó su tiempo, pero mereció la pena, ya que aprendimos a ser unos tipos duros aguantando caídas. 

 

Y llegó el gran día. El Rastro madrileño era el mejor sitio para ir de compras. Allí estaban entonces las tiendas de montaña mas conocidas, al menos en nuestro barrio.

 

Mi hermano con sus primeros sueldos se compró un equipo nuevo y tope para la época. Unas tablas fisher de travesía rojas de 1,70 y unas fijaciones innovadoras: unas Tyrolia automáticas, que funcionaban igual de bien en pista que en travesía. Aún hoy en 2008 no se han jubilado y sólo les falla el ajuste de una de las alzas

Las focas eran tambien novedad, unas Pomoca Syntex, cuando todo era de Mohair y con ajuste Top-Fix en la puntera.

Las botas, pues las de pista por supuesto, al menos para mi, ya que Omar despues de las primeras salidas decidió comprarse unas Kastinger

 

Pero no iba a salir solo, así que tomo la genial decisión de regalarme mi propio equipo (tablas y fijaciones) eso sí, de 2ª mano. Estas tambíen estuvieron en activo hasta la temporada 2005, pero siguen funcionando: Unas Samid Valira y unas fijaciones Marker sin alzas de 1,50 de anchura extra que siempre se portaron bien.

 

Ahora solo quedaba la nieve, pero eso era fácil para nosotros ya que teníamos Riaño y la Semana Santa de 1987 estaba ahí cerca. Así que cargar el coche y carretera. Pero nos esperaba una sorpresa. Para ser abril había poca nieve, aunque ya conocíamos de oídas el famoso nevero de Peña Prieta, en este caso la pala del Cubil de Can que se aprecia desde Llánaves de la Reina. 

 

 

Pero antes queríamos una toma de contacto con el equipo y decidimos ir al puerto de las Señales y acercarnos al Pico del Lago (2007m). Nos parecía un comienzo tranquilo, a pesar de que el mal tiempo quiso hacernos desistir. De regreso al coche fuimos a darle un vistazo al Alto Esla desde el puerto de Pandetrave y desde San Glorio. La decisión estaba echada: mañana al Cubil de Can.

 

Y dicho y hecho. Aquella Semana Santa del 87 se podía subir por la pista del valle del Naranco en coche y eso hicimos con el Ibiza, llegando casi hasta el refugio Tajahierro. Después de dejar el coche bien apartado, nos dirigimos hacia el boqueron de Bobias acompañados en todo momento por un perro del lugar, quizá atraído por el olor a chorizo de nuestra merienda, y en el inicio de la pendiente fue donde comenzaba la nieve, aunque por unas pequeñas rayas. La sorpresa y la fascinación nos invadió al superar dicho boquerón y dar vista al alto valle de Lechada con el circo del Cuartas y como no, las palas del Cubil de Can y Tres Provincias. Todo estaba cubierto de nieve, y mucha por cierto.

 

Tiramos por lo mas evidente. Subimos junto al tubo caracteristico del Cubil siempre por la mejor pendiente. La nieve transformada, pero bastante noble. Después de más tiempo del que creíamos coronamos la cima del Cubil, dando vista al circo norte de Peña Prieta. Aquí nos dimos por satisfechos, ya que seguir a Peña Prieta no era factible por falta de nieve en los tramos mas soleados, ademas de lo tarde en el tiempo.

 

Este fue nuestro primer descenso serio y la verdad, a pesar del bajo nivel que teníamos, la calidad de la nieve ayudo bastante a no desanimarnos, eso sí, comimos nieve en abundancia. También este fue nuestro primer reportaje fotográfico en diapositivas que aún conservo con mucho cariño y que espero poder incluir algún día.